Gemma tocada por un don, por el de los dioses de la danza, jamás ejecutaba el frío y preciso movimiento sin más, sino que transportaba emoción en el levantamiento de sus brazos, sus piernas. Por sus 1,73 m de estatura y 60 kg de peso circuló la sangre de una nadadora, y el ADN de una bailarina que en el filo del tiempo, en los solsticios que alejan, que acercan la noche del día, la tierra del agua, cual sirena bailó aventando en sus brazos el mundo que más amaba.
Tras la conquista de su octava presea dorada, Michael Phelps, 'el hombre pez' solo acertó a pronunciar estas palabras en el mítico Cubo de Agua de Beijing: "Esto demuestra que no importa lo que pongas en tu imaginación, que cualquier cosa puede pasar. Sueña tanto como puedas soñar y cualquier cosa será posible".
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